martes 5 de octubre de 2010

Imaginaciones tuyas (O mias)

Walter-Schnackenberg  (El abrazo)

La plaza del diamante (Fragmento)
Mercè Rodoreda



A media semana me volví a pelear con el Quimet por aquella manía que le había cogido al pastelero.

- Si le vuelvo a ver mirándote el trasero con aquellos ojos, entraré y me va a oír gritaba. Estuvo dos o tres días sin aparecer, y cuando volvió, le pregunté si se le había pasado y se me puso como un gallo de pelea y dijo que había venido a pedirme explicaciones, porque me había visto paseando con el Pere. Le dije que me habría confundido con otra. Dijo que era yo. Le juré que no era verdad y él juraba que sí. Al principio se lo discutí normalmente, pero como no creía me hizo gritar y me dijo, al ver que gritaba, que todas las mujeres estaban locas y que no valían ni un real y entonces le pregunté en qué sitio me había visto con el Pere.

- En la calle.

- ¿Pero en qué calle?

- En la calle.

- ¿Pero en cuál? ¿Pero en cuál?

Se fue dando grandes zancadas. No dormí en toda la noche. Al día siguiente volvió y me dijo que le tenía que prometer que no saldría nunca más con el Pere y para acabar de una vez y no oír más aquella voz, que cuando estaba rabioso no parecía la suya, le dije que no saldría más con el Pere. En lugar de ponerse contento se enfureció como un demonio, me dijo que ya estaba harto de mentiras, que me había puesto una trampa y que yo había caído en ella como un ratón, y rehizo pedirle perdón por haber salido a pasear con el Pere y por haberle dicho que no había salido y al final me hizo llegar a creer que había salido con el Pere y me dijo que me arrodillase.

- ¿En medio de la calle?

- Arrodíllate por dentro.

Me hizo pedirle perdón arrodillada por dentro por haber salido a pasear con el Pere, al que, pobre de mí, no había visto desde el día que reñimos.

1 comentarios:

ANTIQVA dijo...

Algunas "imaginaciones" pueden salir caras, amiga...

Un abrazo