miércoles 13 de abril de 2011

Querer decir

Obra de Rafal Olbinski


Fragmento de “Cien años de soledad”

Gabriel García Márquez


“Recordando estas cosas mientras alistaban el baúl de José Arcadio, Úrsula se preguntaba si no era preferible acostarse de una vez en la sepultura y que le echaran la tierra encima, y le preguntaba a Dios, sin miedo, si de verdad creía que la gente estaba hecha de fierro para soportar tantas penas y mortificaciones; y preguntado y preguntado iba atizando su propia ofuscación, y sentía unos irreprimibles deseos de soltarse a despotricar como un forastero, y de permitirse por fin un instante de rebeldía, el instante tantas veces anhelado y tantas veces aplazado de meterse la resignación por el fundamento y cagarse de una vez en todo, y sacarse del corazón los infinitos montones de malas palabras que había tenido que atragantarse en todo un siglo de conformidad.



—¡Carajo! —gritó.


Amaranta, que empezaba a meter la ropa en el baúl, creyó que le había picado un alacrán.


—¿Dónde está? —preguntó Amaranta.


—¿Qué?


—¡El animal! —aclaró Amaranta.


Úrsula se puso un dedo en el corazón.


—Aquí —dijo.”

miércoles 9 de marzo de 2011

Leer-te

The red couch (Vladimir Volegov)


“De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”.

Jorge Luis Borges.




sábado 29 de enero de 2011

Tu y ella

Marguerite Kelsey, 1928. (Obra de Meredith Frampton)

Palacio del deseo (fragmento)

Naguib Mahfuz



" El señor Ahmad Abd el-Gawwad cerró la puerta tras de sí y atravesó el patio con pasos relajados, bajo la débil luz de las estrellas, mientras la contera de su bastón se clavaba en la tierra polvorienta cada vez que se apoyaba sobre él en su marcha tranquila. Esperaba con ansiedad, ya que su cuerpo estaba ardiendo, el agua fría con el que se lavaría la cara, la cabeza y el cuello, para mitigar –siquiera por un momento- el calor de julio y el fuego que abrasaba sus entrañas y su cabeza.


(...)


¿Qué haces? Quieres llenarte los ojos de ella, reconócelo. Quieres tener las dimensiones de su elástico cuerpo..., contemplar su sonrisa y su modo de bajar los párpados..., seguir las yemas de sus dedos teñidas con alheña. ¿Adónde va a parar todo esto? Nada de eso te había pasado nunca con las que la superaban en hermosura, en belleza y en renombre... Esto es doloroso, y más doloroso aún el que tú la quieras... No te mientas a ti mismo; tú la quieres hasta morir. "






martes 5 de octubre de 2010

Imaginaciones tuyas (O mias)

Walter-Schnackenberg  (El abrazo)

La plaza del diamante (Fragmento)
Mercè Rodoreda



A media semana me volví a pelear con el Quimet por aquella manía que le había cogido al pastelero.

- Si le vuelvo a ver mirándote el trasero con aquellos ojos, entraré y me va a oír gritaba. Estuvo dos o tres días sin aparecer, y cuando volvió, le pregunté si se le había pasado y se me puso como un gallo de pelea y dijo que había venido a pedirme explicaciones, porque me había visto paseando con el Pere. Le dije que me habría confundido con otra. Dijo que era yo. Le juré que no era verdad y él juraba que sí. Al principio se lo discutí normalmente, pero como no creía me hizo gritar y me dijo, al ver que gritaba, que todas las mujeres estaban locas y que no valían ni un real y entonces le pregunté en qué sitio me había visto con el Pere.

- En la calle.

- ¿Pero en qué calle?

- En la calle.

- ¿Pero en cuál? ¿Pero en cuál?

Se fue dando grandes zancadas. No dormí en toda la noche. Al día siguiente volvió y me dijo que le tenía que prometer que no saldría nunca más con el Pere y para acabar de una vez y no oír más aquella voz, que cuando estaba rabioso no parecía la suya, le dije que no saldría más con el Pere. En lugar de ponerse contento se enfureció como un demonio, me dijo que ya estaba harto de mentiras, que me había puesto una trampa y que yo había caído en ella como un ratón, y rehizo pedirle perdón por haber salido a pasear con el Pere y por haberle dicho que no había salido y al final me hizo llegar a creer que había salido con el Pere y me dijo que me arrodillase.

- ¿En medio de la calle?

- Arrodíllate por dentro.

Me hizo pedirle perdón arrodillada por dentro por haber salido a pasear con el Pere, al que, pobre de mí, no había visto desde el día que reñimos.

martes 28 de septiembre de 2010

Deseo

Filosofia de alcoba (Rene Magritte)


Que el vasto mundo siga girando

(Colum McCann)



…El deseo de anular el deseo…

lunes 27 de septiembre de 2010

Besos

El beso ( Gustav Klimt )


La casa de los amores imposibles (Fragmento)

Cristina López Barrio



Sintió en su mano la mano de Ezequiel y luego una bocanada de ojos verdes. Se besaron, primero lentamente, después a chorros como si quisieran que aquellos besos les duraran hasta cuando estuvieran dormidos, hasta cuando estuvieran muertos. Se abrazaron y cayeron de rodillas como dos penitentes. Los besos se les escurrían por la ropa, por la camisa de él, por el jersey de ella, se les escurrían por la falda y por el pantalón, y se desmoronaban sobre los prados formando un rio en cuyas riberas crujían campanillas, abrevaban las ovejas, saltaban las ranas, y en cuyas aguas el sol se desmembraba en látigos de espejos. No respiraban oxigeno, respiraban labios. No se tocaban como si ya se hubieran encontrado, se tocaban como si se hallaran a miles de kilómetros. Perdieron el equilibrio, y rodaron prado abajo sin soltarse. Los mastines ladraban a su alrededor, pero continuaron besándose, rebozándose en el rio de los besos hasta que a Olvido se le quebró el aliento. Se puso en pie, se sacudió la falda, y huyo de sus propios besos, como una adolescente, en dirección al pinar, mientras Ezequiel sentía que le reventaban los testículos y su esperma se convertía en copos de nieve.

miércoles 22 de septiembre de 2010

Noches y sueños

Obra del pintor dominicano Juan Medina

Instrucciones para salvar el mundo (Fragmento)



Rosa Montero



La Humanidad se divide entre aquellos que disfrutan metiéndose en la cama por las noches y aquellos a quienes les desasosiega irse a dormir. Los primeros consideran que sus lechos son nidos protectores, mientras que los segundos sienten que la desnudez del duermevela es un peligro.


Para unos, el momento de acostarse supone la suspensión de las preocupaciones; a los otros, por el contrario, las tinieblas les provocan un alboroto de pensamientos dañinos y, si por ellos fuera, dormirían de día, como los vampiros. ¿Has sentido alguna vez el terror de las noches, el ahogo de las pesadillas, la oscuridad susurrándote en la nuca con su aliento frío que, aunque no sepas el tiempo que te queda, no eres otra cosa que un condenado a muerte? Y, sin embargo, a la mañana siguiente vuelve a estallar la vida con su alegre mentira de eternidad.



domingo 15 de agosto de 2010

Morir

Desnudo de mujer (Joaquin Sorolla)


Don Juan (fragmento)

Gonzalo Torrente Ballester


" Sentía sus ondas largas y vibrantes tocar mi cuerpo y envolverlo, entrar en él y encender algo dentro de mí, algo que empezó a arder, a quemarse, a tirar de mi ser quieto hacia un fuego oscuro. Mi alma estaba traspasada de túneles sombríos: yo entraba en ellos y los recorría empujada por la música, caminaba por ellos segura y ciega, ciegos los ojos y alumbrada la sangre, encendida la sangre; y era como si ascendiese hacia una cima cuya inmensa oscuridad me estremecía de espanto y me atraía hacia un alto lugar situado dentro de mí en el que se confundían la dicha, la Eternidad y la Nada. Así ascendí, anhelante, dolorida, hasta que mis nervios dejaron de sentir y empezaron a vibrar como cuerdas de guitarra sollozante, hasta que yo misma, tocando ya la Nada con mis manos, era enteramente música y sollozo y estaba a punto de romperme en un acorde aniquilador. No pude más. Dejé de arder, dejé de oír la sangre, y lo que esperaba sin saberlo me recorrió como una ola de placer interminable. Fue la primera experiencia sexual completa de mi vida, a la que asistí asombrada y anonadada, a la que me entregué como a un abismo. Cuando se desvaneció, la música seguía sonando, me envolvía, me abrazaba con sus largos brazos opresores, pero yo era distinta. Había un torbellino a mi alrededor y otro dentro de mí, y yo me movía como ellos, yo corría detrás de algo con mente oscura y corazón ardiente. "



domingo 18 de julio de 2010

El cielo inancanzable

Obra de Rafal Olbinski


Desayuno en Tiffany's (fragmento)

Truman Capote



" No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Esa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo. "

miércoles 7 de julio de 2010

Olores. perfumes, aromas...

El Baño  (Fernando Botero)


 

El Perfume *Patrick Süskind*
(fragmentos)

 En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aquí relataremos su historia. Se llamaba Jean-Baptiste Grenouille y si su nombre, a diferencia del de otros monstruos geniales como De Sade, Saint-Just, Fouchè Napoleón, etcétera, ha caído en el olvido, no se debe en modo alguno a que Grenouille fuera a la zaga de estos hombres célebres y tenebrosos en altanería, desprecio por sus semejantes, inmoralidad, en una palabra, impiedad, sino a que su genio y su única ambición se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: al efímero mundo de los olores. 



En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles pestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. .Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios.


El campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.


…Y, como es natural, el hedor alcanzaba las máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronerie, o sea, en el Cimetière de Innocents.


(...)


Escenario de este desenfreno -no podía ser otro- era su imperio interior, donde había enterrado desde su nacimiento los contornos de todos los olores olfateados durante su vida. Para animarse conjuraba primero los más antiguos y remotos: el vaho húmedo y hostil del dormitorio de madame Gaillard; el olor seco y correoso de sus manos; el aliento avinagrado del padre Terrier; el sudor histérico, cálido y maternal del ama Bussier; el hedor a cadáveres del Cirnetiére des Innocents; el tufo de asesina de su madre Y se revolcaba en la repugnancia y el odio y sus cabellos se erizaban de un horror voluptuoso. Muchas veces, cuando este aperitivo de abominaciones no le bastaba para empezar, daba un pequeño paseo olfatorio por la tenería de Grimal y se regalaba con el hedor de las pieles sanguinolentas y de los tintes y abonos o imaginaba el caldo de seiscientos mil parisienses en el sofocante calor de la canícula. Entonces, de repente, este era el sentido del ejercicio, el odio brotaba en él con violencia de orgasmo, estallando como una tormenta contra aquellos olores que habían osado ofender su ilustre nariz. Caía sobre ellos como granizo sobre un campo de trigo los pulverizaba como un furioso huracán y los ahogaba bajo un diluvio purificador de agua destilada. Tan justa era su cólera y tan grande su venganza. Ah, qué momento sublime! Grenouille, el hombrecillo, temblaba de excitación, su cuerpo se tensaba y abombaba en un bienestar voluptuoso, de modo que durante un momento tocaba con la coronilla el techo de la gruta, para luego bajar lentamente hasta yacer liberado y apaciguado en lo más hondo. Era demasiado agradable, este acto violento de exterminación de todos los olores repugnantes, era realmente demasiado agradable, casi su número favorito entre todos los representados en el escenario de su gran teatro interior, porque comunicaba la maravillosa sensación de agotamiento placentero que sigue a todo acto verdaderamente grande y heroico. "


"Pensó, naturalmente, que nunca había olido nada tan hermoso. Sin embargo como conocía los olores humanos, muchos, miles de ellos, olores de hombres, mujeres y niños, no quería creer que una fragancia tan exquisita pudiera emanar de un ser humano. Casi siempre los seres humanos tenían un olor insignificante o detestable. El de los niños era insulso, el de los hombres consistía en orina, sudor fuerte y queso, el de las mujeres en grasa rancia y pescado podrido. Todos sus olores carecían de interés y eran repugnantes… y por ello ahora ocurrió que Grenouille, por primera vez en su vida desconfió de su nariz y tuvo que acudir a la ayuda visual para creer lo que olía. La confusión de sus sentidos no duró mucho; en realidad sólo necesitó un momento para cerciorarse óptimamente y entregarse de nuevo, sin reservas, a las percepciones de su sentido del olfato. Ahora olía que ella era un ser humano, olía el sudor de sus axilas, la grasa de sus cabellos, el olor a pescado de su sexo y lo olía con el mayor placer. Su sudor era tan fresco como la brisa marina, el sebo de sus cabellos, tan dulce como el aceite de nuez, su sexo olía como un ramo de nenúfares, su piel, como la flor del albaricoque… y la combinación de estos elementos producía un perfume tan rico, tan equilibrado, tan fascinante, […] Era la belleza pura."

miércoles 21 de abril de 2010

Memoria

Retrato de Pablo V (Caravaggio)


Los girasoles ciegos (Fragmento)
Alberto Mendez

... \"Hoy pienso, Padre, que me llamó la atención algo que le distinguía de los demás: era un niño triste pero con una serenidad extraña para su edad. En sus juegos sin discordia, en su obediencia sin sumisión, en su interés por aprender y su orgullo por saber, en su silencio... Quizá su infancia me recordó la mía y quise revivir en aquel párvulo el niño que yo fui. Pensé que sería un buen pastor en nuestra Iglesia. ¡Ay de mí! Noté algunas otras diferencias: recuerdo que, cuando todos los alumnos en fila, antes de salir del colegio, formaban marcialmente y entonaban el Cara al sol al atardecer como despedida de una jornada de jubiloso aprendizaje, Lorenzo no compartía el espíritu de Flecha que sus compañeros demostraban. Mantenía, sí, la compostura, pero un día me acerqué a él sigilosamente por detrás y advertí con sorpresa que mantenía el brazo en alto, movía los labios, pero no cantaba. ¡Le pedíamos amor a su Patria y nos devolvía su silencio!
Le castigué a no abandonar aquel patio si no cantaba el himno completo, pero no cantó. Se mantuvo erguido y con el brazo en alto aunque ni siquiera comenzó la primera estrofa. No sé si prevaleció en mí la ira por su rebeldía o la dicha por la oportunidad de doblegar con mi autoridad a un hijo impío de un siglo sin fe. «¡Canta», le ordené, «es el himno de los que quieren dar la vida por su Patria!»
«Mi hijo no quiere morir por nadie, quiere vivir para mí», dijo una voz suave y melosa a mis espaldas. Me volví y era ella.
Ahora comprendo la frase del Eclesiastés: La mirada de una mujer hermosa, pero sin virtud, abrasa como el fuego. Yo ignoraba entonces que así nacía mi desvarío.\"

viernes 2 de abril de 2010

Tuneles y ventanas


Muchacha (Dali)



EL TUNEL (Fragmento)
Ernesto Sabato


XXXVI
FUE UNA ESPERA interminable. No sé cuánto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fue una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados. Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.
¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.

viernes 5 de marzo de 2010

Busquedas

Reclining nude (Serebriakova)

La pasión turca (fragmento)
Antonio Gala

" La gente aspira a encontrar su otra mitad en su ciudad, en su barrio, y hasta en su calle; no sé cómo no la buscan en su cama. Y no es así: cerca nos tropezamos con los humildes premios de consolación. Las medias naranjas verdaderas están lejos casi siempre y son costosas. Lo que hemos de pedir, además de encontrarlas, es que el hallazgo no se produzca demasiado tarde. "

domingo 28 de febrero de 2010

Demonios

El Caballero, la muerte y el diablo
(Albero Durero)



El nombre de la rosa

(fragmento)


Umberto Eco


(...)

“El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adónde va, y siempre va hacia el sitio del que procede. Eres el diablo, y como el diablo vives en las tinieblas. Si querías convencerme lo has logrado… “

domingo 24 de enero de 2010

Elecciones, caminos, búsquedas...

Magritte *Les liaisons dangereuses*

La conjura de los necios (fragmento)

John Kennedy Toole

" Soy capaz de tantas cosas y no se dan cuenta. O no quieren darse cuenta. O hacen todo lo posible por no darse cuenta. Necedades. Dicen que la vida se puede recorrer por dos caminos: el bueno y el malo. Yo no creo eso. Yo más bien creo que son tres: el bueno, el malo y el que te dejan recorrer. El bueno lo he intentado andar y no me ha ido bien. Juro que ha sido así. De pequeño hice todo lo que consideré correcto y lo que está bendita New Orleáns, con sus acordes de ébano y sus insoportables chaquetas a rayas me inducía a hacer. Estudié profundamente y traté de trasladar mis conocimientos con pasión. Los estudiantes saben eso. También escribí encerrado en un pequeño mundo cuarto juntando frases, frustrándome ante las huidizas buenas palabras y las no menos resbaladizas imágenes, comparaciones, situaciones, personajes, diálogos. Asumí estar en ese camino porque es ese el modo como se consiguen los sueños. Al menos eso creía hasta un día, cuando tenía todo acabado y faltaba la confirmación de que había decidido bien, no hubo recompensa. No hubo zanahoria, Ahí me di cuenta de que ya estaba caminando, lejos de mi voluntad, por la otra senda. Esa que no es la buena ni la mala. Porque está claro que la buena es buena porque es una opción propia. La mala es mala porque también es tu opción. Pero la otra no es algo que hayas escogido, por lo cual no pueden decir que es ciertamente buena o ciertamente mala. Es ciertamente ajena, impropia. Por ese camino involuntario caminé, llevado de las narices, arrastrado como un palo sin poder animarme. Tuve que resignarme a ser como ellos me ordenaban, a aceptar sus juicios y sus rechazos. A comprobar una vez más que no todos pueden ver más allá de su aliento. A ser víctima de un sistema que hace de gente como yo infelices zombis o incomprendidos. Y hay que tener el espíritu muy bien templado, tal vez como acero damasquino o más, para afrontar semejante fuerza. "


miércoles 6 de enero de 2010

Las batallas interiores

Hombre en azul “Francis Bacon”
Javier Cercas
Soldados de Salamina
(fragmento)
" Los héroes sólo son héroes cuando se mueren o cuando los matan. Y los héroes de verdad nacen y mueren en la guerra. No hay héroes vivos, joven. Todos están muertos. Muertos, muertos. (...)El soldado le está mirando; Sánchez Mazas también, pero sus ojos deteriorados no entienden lo que ven: bajo el pelo empapado y la ancha frente y las cejas pobladas de gotas la mirada del soldado no expresa compasión ni odio, ni siquiera desdén, sino una especie de secreta o insondable alegría, algo que linda con la crueldad y se resiste a la razón pero tampoco es instinto, algo que vive en ella con la misma ciega obstinación con que la sangre persiste en sus conductos y la tierra en su órbita inamovible y todos los seres en su terca condición de seres, algo que elude a las palabras como el agua del arroyo elude a la piedra, porque las palabras sólo están hechas para decirse a si mismas, para decir lo decible, es decir todo excepto lo que nos gobierna o hace vivir o concierne o somos o es este soldado anónimo y derrotado que ahora mira a ese hombre cuyo cuerpo casi se confunde con la tierra y el agua marrón de la hoya, y que grita con fuerza al aire sin dejar de mirarlo. "


domingo 3 de enero de 2010

Esperar un milagro…pequeño…

Fernando Botero
Malena es un nombre de tango
(Fragmento)

No me gusta la mermelada, pero si no puedo desayunar otra cosa, prefiero, por este orden, la de fresa, la de frambuesa y la de moras, como la mayor parte de la gente que conozco. A mi hermana Reina sólo le gusta la mermelada de naranjas amargas. Ciando éramos niñas, y veraneábamos con la familia de mi madre en una finca que el abuelo poseía en La Vera de Cáceres, la tata nos preparaba a veces un postre especial, una naranja desnuda -la pulpa pelada con mimo, dos , tres , cuatro veces, fuera primero la cáscara, luego las compactas capas de fibra amarillenta donde los médicos dicen que moran las vitaminas, limpia por fin la gasa de venas blancas que soporta la presión feliz del zumo- y rebanada luego en finas rodajas, que rociaba , dispuestas ya sobre el plato como los pétalos de una flor, con un chorrito de aceite verde y una nevada de azúcar blanco. El almíbar dorado que brillaba sobre la loza cuando ya me había comido, despacito, la carne ácida y dulce de esa fruta bendita que siempre me duraba demasiado poco, era el bálsamo más eficaz que nunca he conocido, remedio insuperable de todos los pesares, el ancla más potente entre mis pies y la Tierra, un mundo que me daba naranjas, y azúcar, y olivas verdes, vírgenes, un nombre de Dios, la cifra de mi vida. A Reina no le gustaba un postre tan grasiento, tan barato, aquel vulgar milagro de pueblo. Tardé años en descubrir que lo que hace amargas las naranjas es precisamente la fibra amarilla que la tata extirpaba con tanto cuidado, sin romper jamás la tela de araña que preserva la carne jugosa, soleada, de la amenaza de ese amargor blanco, tumor de lo seco y de lo ajeno. Lo bueno es lo de dentro, me decía con una sonrisa mientras yo la miraba, mi boca codiciosa segregando de antemano un turbio mar de saliva. Siempre me ha gustado lo de dentro, los sabores más dulces y los más salados, los fuegos artificiales y las noches sin luna, las historias de miedo y las películas de amor, las palabras sonoras y las ideas antiguas. Aspiro solamente a milagros pequeños, ordinarios, como ciertos postres de pueblo, y prefiero la mermelada de fresa, como la mayor parte de la gente que conozco, pero hace muy poco tiempo que descubrí que no soy vulgar por eso. Me ha llevado toda la vida aprender que la distinción no se esconde en la amarga fibra de las naranjas

Almudena Grandes
.

miércoles 30 de diciembre de 2009

زقاق المدق

"Old árabes Home" Artista: Abdallah Masad
El callejón de los milagros
(fragmento)
Naguib Mahfuz

Dejó la comida y el tabaco sobre la repisa y se puso a mirar con atención a sus dos interlocutores, con mucha paciencia y una gran calma. Su mirada se detuvo, finalmente, en el más alto: era un gigante muy bien plantado al que Zaita dijo, sorprendido: - Eres un mulo, ni más ni menos. ¿Por qué quieres mendigar?
El hombre contestó con voz entrecortada: – He fracasado en todos los oficios. He probado muchos, incluso el de mendigo, pero nunca he tenido éxito. Tengo una suerte negra y el espíritu embotado. No comprendo nada ni sirvo para nada.
- Debieras haber nacido rico – le replicó desagradablemente Zaita.
Pero el otro no comprendió la broma. Intentó enternecerlo derramando unas pocas lágrimas y soltando unos cuantos gemidos: - Todo me ha salido mal. Incluso como mendigo no he logrado dar ni con una sola alma piadosa. Todos me dicen que soy fuerte, que debo ponerme a trabajar. Y eso cuando no me insultan. No comprendo por qué.
- ¡Dios mío! – exclamó Zaita rascándose la cabeza -. ¿Ni eso comprendes?
- ¡Dios te guarde y te dé la paz!
Zaita no se cansaba de examinarlo, pensativo. Finalmente dijo con mayor brío, palpándole las articulaciones: - Estás verdaderamente fuerte. Tienes los músculos en muy buen estado. Me pregunto qué comes.
- Pan cuando hay. Y nada más.
- Vaya, tienes cuerpo de diablo. ¿Cómo serías si comieras esos animales a los que Dios colma de dádivas?
- No lo sé – contestó el otro con ingenuidad.
- No sabes nada, naturalmente. Ya lo hemos entendido, claro. Y más vale así. Porque si fueras inteligente, serías uno de los nuestros. Escucha bien, de nada te serviría que te mutilaran los miembros.
En el rostro del bruto se marcó una viva decepción, y Zaita, al ver que iba a recomenzar una crisis de lágrimas, se apresuró a añadir: - De nada serviría romperte el brazo o una pierna, porque jamás conseguirías dar lástima a nadie. Las mulas como tú solo consiguen despertar indignación. Pero no te desesperes – dijo por fin, tal como esperaba impacientemente el doctor Bushi -, existen otros medios. Te puedo enseñar el arte de ser cretino, por ejemplo; para eso servirías. Y te haré aprender de memoria algunas alabanzas al Profeta.
El rostro del hombre se iluminó de agradecimiento, y se puso a implorar a Dios en su favor. Zaita atajó sus efusiones para preguntarle: - ¿Por qué no te haces ladrón?
El hombre contestó, apesadumbrado: – Soy un pobre hombre, pero bueno, y no deseo mal a nadie. Amo sinceramente a la familia del Profeta.
Zaita exclamó, indignado: – ¡No pretendas ablandarme con esas monsergas! – Luego se volvió hacia el segundo, que era bajito y enclenque, y dijo con voz satisfecha-: ¡Felicidades! ¡Tu servirás!
El otro sonrió y exclamó, lleno de agradecimiento: ¡Alabado sea mil veces el Señor!
- Estás hecho para ser ciego y paralítico.
A lo que el hombre contestó, muy contento: – Por la gracia de Dios.
Zaita sacudió la cabeza y le advirtió, sopesando las palabras: – Es una operación muy delicada. Supongamos lo peor, que pierdas de verdad la vista, a causa de un accidente o de un error. ¿Qué harías?
El otro dudó un instante y luego contestó con indiferencia: – Sería un don del cielo. ¿Qué provecho he sacado de mi vida para lamentar perderla?
Zaita pareció oír con satisfacción la respuesta: – Con un corazón como el tuyo, estás bien preparado para afrontar el mundo.
- Con la venia de Dios – replicó el otro-, dejo mi alma entre tus manos. Te daré la mitad de lo que me entreguen las almas piadosas.
Zaita le lanzó una mirada cruel y le dijo con brutalidad: – Ésta no es manera de hablarme. Me contento con dos céntimos diarios, a parte de los honorarios de la operación. Y sé muy bien cómo cobrar lo que me debes, por si acaso se te ocurriera escabullirte.
Entonces el doctor Bushi observó: – No has mencionado tu parte de pan.
Zaita prosiguió: – ¡Claro, claro! ¡Y ahora manos a la obra! La operación es dura y pondrá a prueba tu resistencia al dolor. Intenta disimular todo lo que puedas.
Y al imaginarse el sufrimiento que sus despiadadas manos iban a infligir a aquel cuerpo flaco y desnutrido, dibujó una sonrisa diabólica con sus exangües labios.

martes 22 de diciembre de 2009

Algunos sueños

Three Female Figures (Kazimir Malevich)
Todo lo que se muestra turbio y amenazante, o lo que puede llegar a serlo al cabo de los siglos, manifiesta su proyecto primero en los sueños de los hombres.


Ismaíl Kadaré.
(El palacio de los sueños.)

martes 15 de diciembre de 2009

Esperas

"Muchacha asomada a la ventana"
(Dalí)
Fragmento de: “El amor en los tiempos del cólera”
(Gabriel García Márquez)


"Cuando terminó de desahogarse, alguien había apagado la luna. El buque avanzaba con sus pasos contados, poniendo un pie antes de poner otro: un inmenso animal de acecho. Fermina Daza había regresado de la ansiedad.

-Vete ahora-dijo.
Florentino Ariza le apretó la mano, se inclinó hacia ella, y trató de besarla en la mejilla. Pero ella lo esquivó con su voz ronca y suave.
-Ya no-le dijo-: huelo a vieja. "

jueves 10 de diciembre de 2009

(...)

El sueño (Obra de Henri Rousseau )

Fragmento de "Las virgenes suicidas"

(Jeffrey Eugenides)

La mañana en que a la última hija de los Lisbon le tocó el turno de suicidarse —esta vez fue Mary y con somníferos, como Therese—, los dos sanitarios llegaron a su casa sabiendo exactamente dónde estaba el cajón de los cuchillos y el horno de gas y dónde la viga del sótano en la que podía atarse una cuerda. A nosotros nos pareció que, como siempre, salían demasiado lentamente de la ambulancia, mientras el gordo decía en voz baja:—Que no es la tele, tíos, aquí no hay que correr. Cargado con el pesado respirador y la unidad cardiaca, pasó entre los arbustos, que habían crecido monstruosamente, y cruzó el descuidado césped que trece meses atrás, cuando empezó todo, estaba pulcro e inmaculado.Cecilia, la pequeña —no tenía más que trece años—, fue la primera en hacer el viaje: se cortó las venas, como los estoicos, mientras tomaba un baño, y cuando la encontraron flotando en el agua teñida de color de rosa, con los ojos amarillos de los posesos y aquel cuerpecito que exhalaba olor a mujer madura, los sanitarios se llevaron un susto tan grande al verla en aquel estado de sosiego, que se quedaron clavados en el sitio, como mesmerizados. Pero de pronto irrumpió la señora Lisbon dando gritos y la realidad de la habitación se hizo patente: sangre en la estera del baño, la navaja de afeitar del señor Lisbon en el lavabo, jaspeando el agua. Los sanitarios sacaron el cuerpo de Cecilia del agua caliente, que acelera la hemorragia, y le aplicaron un torniquete en los brazos. El cabello mojado le colgaba por la espalda y ya tenía las extremidades azules. No dijo ni una palabra pero, cuando le separaron las manos, encontraron una estampa plastificada de la Virgen María apretada contra los pimpollos de sus pechos.Esto ocurría en junio, en la época de la mosca del pescado, cuando, como todos los años, la ciudad se cubre de tan efímeros insectos. Se levantan entonces nubes de moscas de las algas que cubren el lago contaminado, y oscurecen las ventanas, cubren los coches y las farolas, cubren las dársenas municipales y cuelgan como guirnaldas de las jarcias de los veleros, siempre con la misma parda ubicuidad de la escoria voladora. La señora Scheer, que vive calle abajo, nos dijo que había visto a Cecilia el día anterior al intento de suicidio. Estaba junto al bordillo, con el antiguo traje de novia del que había cortado el dobladillo y que nunca se quitaba de encima, observando un Thunderbird envuelto en moscas del pescado.—Sería mejor que cogieras la escoba, cariño —le aconsejó la señora Scheer.Pero Cecilia le dirigió una mirada mística y dijo:—Están muertas, sólo viven veinticuatro horas. Salen del huevo, se reproducen y la palman. Ni siquiera comen. —Y tras estas palabras metió la mano en la espumosa capa de bichos y trazó sus iniciales: C.L.



miércoles 2 de diciembre de 2009

Soledades

El Mar sin horizontes de “Eduardo Naranjo”

Fragmentos de “La soledad de los números primos”

de Paolo Giordano

“En una clase de primer curso Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos aún más especiales. Los matemáticos los llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están juntos, o mejor dicho, casi juntos, pues entre ellos media siempre un número par que los impide tocarse de verdad. Números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad.”

“(…) Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error, como perlas ensartadas en un collar, y otras veces que también ellos querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían (…)”




domingo 29 de noviembre de 2009

El amor, esa palabra...

Dama desnuda (Obra de Warren b. Davis)
Rayuela (Julio Cortazar) “Capitulo 93”

"Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fijate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.
¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. (...)"


lunes 23 de noviembre de 2009

Siempre que te escribo, me desnudo…

Obra de Paul Delvaux
Fragmento de la novela "Hierba mora" de Teresa Moure.

(…)
De las muchas formas que hay de enamorar, una de las más poderosas, de las más sugerentes y de las más excitantes es el enamoramiento literario. Que bien se podría llamar así a la llama que se enciende cuando uno intercambia escritos con otra persona. Desde luego que la chispa inicial seguro que la pone el cuerpo con sus evidencias, pero el alma que escribe va alimentando el fuego para hacerlo arder de forma apropiada. ... De las muchas formas que hay de enamorar, alguna es muy sutil y aparece en personas sensibles y tiernas, que le tienen afición a la escritura, y por eso mismo cuando leen o cuando escriben ponen ahí el alma toda para que la otra persona en cuestión pueda, viendo el alma desnuda, adaptarse a ella y desearla, y puestos ya a desear el alma, les venga algún pensamiento de esos que llaman malos, que a saber por qué se llamarán malos pensamientos los pensamientos amorosos y juguetones, que nos abren la ventana de la imaginación para intuir la forma en que acariciaríamos precisamente a esa otra persona entre todas las personas que en el mundo han sido.Se dice aquí todo esto porque la correspondencia es una cosa peligrosa. ... Que escribir cartas es agasajar con palabras y las palabras, si están bien escogidas y el alma en su justa sazón, pueden curar mejor que las hierbas mágicas, que parece que prolongan el placer como los afrodisíacos y atenúan el dolor como los analgésicos, que por algo afrodisíaco y analgésico también son palabras.


martes 17 de noviembre de 2009

Pasados y presentes

Tamara De Lempicka "Le chemise rose"
Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio publico, un hombre se me acerco. Se dio a conocer y me dijo: “La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, me he acercado para decirle que en mi opinión la considero mas hermosa ahora que en su juventud, su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado”.

El amante (Marguerite Duras)


jueves 29 de octubre de 2009

Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón

" Abrazo de dos ausentes" (Eduardo Naranjo)

Fragmento de “ El Libro de los abrazos” de Eduardo Galeano


“Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla con las manos, o por los ojos, o por los poros o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.”


jueves 15 de octubre de 2009

Natural

“Retrato al natural” Obra de Serebriakova
Memoria de mis putas tristes “Gabriel Garcia Marquez”

“aquella noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin los apremios del deseo o los estorbos del pudor”.

martes 13 de octubre de 2009

De cuando el tiempo y el espacio se confabulan para despertar todos los sentidos

Niños en la playa "Joaquin Sorolla"
Fragmento de “Contra Paraíso” de Manuel Vicent


Aquel día de San Pedro en la playa de Moncofa había muchos carros de labranza en medio de la arena y sentada a la sombra de sus velas a media tarde la gente tomaba longanizas con tomate, abría sandias, echaba tragos de vino a contraluz y los niños jugando lanzaban gritos de felicidad o lloraban y todos los sonidos se fundían en la claridad del firmamento hasta hacerse de su misma naturaleza.
También había silencios. Muchos dormían. Mujeres vestidas de negro formaban un corro recostadas alrededor de una manta donde estaban las viandas y los hombres solían permanecer callados fumando con la mirada perdida mientras ellas excitadas no cesaban de hablar despechugándose un poco con la cara llena de sol y las pantorrillas igualmente encendidas.
Muchos caballos estaban dentro de la mar y el oleaje les golpeaba las patas llenándoles los ijares de espuma y por allí les pasaba la mano el dueño del animal para lavarlo sin quitarse el cigarro de la boca y estos labradores con sombreros de paja, los pantalones arremangados hasta las rodillas y la camisa blanca refrescaban también a las caballerizas echándoles cubos de agua en las crines y algunas relinchaban o piafaban entre las muchachas que se bañaban con enaguas y ellas se recogían con un puño los pliegues del volante para que las olas no lo levantaran hasta los muslos, pero al salir de la mar llevaban la tela mojada muy pegada a la curva del vientre con el triangulo del pubis también marcado y esto provocaba algunas miradas calientes, furtivas de algunos adolescentes, de algunos gañanes endomingados que estaban en la orilla a pie observándolas.

viernes 9 de octubre de 2009

El (Tu)

Obra de Eduardo Naranjo

…tener la nada entre los dedos…

Fragmento de “Seda” de Alessandro Baricco

jueves 8 de octubre de 2009

Tiempo

Reloj blando en el momento de su primera explosión.
Salvador Dalí
Fragmento de “La historia del amor” de Nicole Krauss


La muerte de Leopold Gursky

Leopold Gursky empezó a morir el 18 de agosto de 1920
Murió cuando aprendía a andar.
Murió cuando salía a la pizarra.
Y, una vez, también cuando llevaba una bandeja muy pesada.
Murió cuando ensayaba una firma nueva.
Cuando abría una ventana.
Cuando se lavaba los genitales en el baño.

Murió solo porque lo violentaba llamar por teléfono.
O murió pensando en Alma.
O cuando decidió no pensar.

En realidad, no hay mucho que decir.
Fue un gran escritor.
Se enamoro.
El amor fue su vida.